Todas las disciplinas precisan detenerse en vez en cuando un instante para comprobar lo que están haciendo. Esto es aún más cierto en el caso de las ciencias humanísticas y sociales, por la enorme complejidad de sus objetos de estudio y por la influencia indudable de las ideologías sobre sus planteamientos teóricos y metodológicos. Esa complejidad se refleja, entre otras muchas cosas, en la imposibilidad de hacer una definición precisa de los objetos de estudio, o en la dificultad, diríamos que insuperable, de establecer el funcionamiento de esos objetos de manera precisa y rigurosa.
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Pero al examinar lo que están haciendo, las ciencias han de centrar su atención en lo que están haciendo realmente, no en lo que sus practicantes quieren figurarse o imaginarse que están haciendo. Y también deberán prestar atención al porqué hacen lo que hacen; a todos los científicos, incluidos los humanistas, les gusta imaginar que su actividad viene motivada solamente por razones científicas, que la evolución de su pensamiento es la respuesta a los problemas cientìficos que se han ido encontrando o, más exactamente, que han ido destapando ellos mismos y sus colegas en el curso de su actividad investigadora
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[Por ejemplo] la lingüística chomskyana es presentada como el desarrollo natural de la razón humana, dejando así de lado cualquier reflexión sobre cómo se produce el conocimiento, cuáles son las condiciones de su producción, diseminación y recepción. Igual que el desarrollo cognitivo del hablante-oyente ideal, se describe al teórico idealizado como alguien que ha adquirido de modo natural una teoría que es generativa.