Nuestra capacidad para predecir los géneros es prueba de que, en tanto miembros de una cultura determinada, hemos adquirido de alguna forma el saber sobre cómo los hablantes usan una lengua determinada para conseguir fines diversos. Cuando este saber se evoca, nos resultan familiares varias estructuras esquemáticas, no solamente aquellas correspondientes a los géneros cotidianos, también las que corresponden a realizaciones habituales; o sea, las clases habituales de significados que se producen en cada fase de un género, sus splabras y estructuras habituales en la expresión de las mismas. La teoría sobre el género trata de hacer patente este saber cultural no consciente, mediante la descripción de la manera en la que usamos el lenguaje para hacer cosas.
29 marzo 2010
Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 98)
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