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28 Agosto 2009

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág

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[Cuando hay problemas en la puntuación comunicativa, es decir, de secuencia] nos lleva al importante concepto de profecía autocumplidora [...] Por ejemplo, una persona que parte de la premisa que “nadie me quiere”, se comporta con desconfianza, a la defensiva o con agresividad, ante lo cual es probable que los otros reaccionen con desagrado, corroborando así su premisa original. A los fines de la pragmática de la comunicación humana, resulta una vez más irrelevante preguntar por qué una persona parte de tal premisa, de dónde surgió esta y hasta qué punto es inconsciente. En términos pragmáticos, lo que se puede observar es que la conducta interpersonal de ese individuo muestra esa clave de redundancias y que ejerce un efecto complementario sobre los demás, forzándolos a asumir ciertas actitudes específicas.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 93 – 94

Archivado en: 1967, Beavin y Jackson, Watzlawick — christian iv @ 16:31
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Las discrepancias en cuanto a la puntuación de las secuencias de hecho tienen lugar en todos aquellos casos en que por lo menos uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información que el otro, pero no lo sabe.

[...]

En términos generales, resulta gratuito suponer no solo que el otro cuenta con la misma información que uno mismo, sino también que el otro debe sacar de dicha información idénticas conclusiones. Los expertos en comunicación han calculado que una persona recibe diez mil impresiones sensoriales (exteroceptivas y propioceptivas) por segundo. resulta evidente por lo tanto que se necesita efectuar un proceso drástico de selección para impedir que los centros cerebrales superiores se vean inundados por información irrelevante. Pero, aparentemente, la decisión en cuanto a qué es esencial y qué es irrelevante, varía de un individuo a otro y parece estar determinada por criterios que, en gran medida, quedan fuera de la conciencia [...] Solo podemos conjurar que en la raíz de estos conflictos de puntuación existe la convicción firmemente  establecida y por lo común no cuestionada de que solo hay una realidad, el mundo tal como yo lo veo, y que cualquier visión que difiera de la mía tiene que deberse a la orracionalidad o mala voluntad. Hasta aquí nuestras especulaciones.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 75 – 76

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El intento de no comunicarse  puede existir en cualquier otro contexto [además del esquizofrénico] en que se desea evitar el compromiso inherente a toda comunicación.[el intento, claro está, es fallido, lo que desemboca en el "rechazo", en la aceptación o en la descalificación de la comunicación]

25 Agosto 2009

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 69

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[Dice Bateson]: “Resulta obvio que muchos sistemas de relación, sea entre individuos o grupos de individuos, manifiestan una tendencia hacia el cambio progresivo”.

[...]

[Existen dos patrones: la interacción simétrica y la complementaria]. Puede describírselos como relaciones basadas en la igualdad o en la diferencia. En el primer caso, los participantes tienden a igualar especialmente su conducta recíproca, y así su interacción puede considerarse simétrica. Sean debilidad o fuerza, bondad o maldad, la igualdad puede mantenerse en cualquiera de esas áreas.  En el segundo caso, la conducta de uno de los participantes complementa la del otro.

[En el caso de las conductas complementarias] es importante destacar el carácter de mutuo encaje  de la relación en que ambas conductas, disímiles pero interrelacionadas, tienden cada una a favorecer  a la otra. Ninguno de los participantes impone al otro una relación complementaria, sino que cada uno de ellos se comporta  de una manera que presupone la conducta dle otro, al tiempo que ofrece motivos para ella.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 68

Los seres humanos se comunican tanto digital como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y poderosa pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica pero no una sintaxis adecuada para la definición inequívoca de la naturaleza de las relaciones.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 63 – 64

El hombre es el único organismo que utiliza tanto los modos de comunicación analógicos como los digitales. La significación de tal hecho no ha sido aún acabadamente comprendida, pero puede vislumbrarse su gran importancia. Por un lado, no cabe duda de que el hombre se comunica de manera digital; de hecho, la mayoría, si no todos, sus logros civilizados resultarían impensables sin el desarrollo de un lenguaje dirigido. Ello asume particular importancia en lo que se refiere a compartir información acerca de objetos y a la función de continuidad temporal, inherente a la transmisión de conocimiento. Y, sin embargo, existe un vasto campo donde utilizamos en forma casi exclusiva la comunicaicón analógica, a menudo sin introducir grandes cambios con respecto a la herencia analógica recibida de nuestros antepasados mamíferos. Se trata aquí del área de la relación [...] Bateson ha demostrado que las vocalizaciones, los movimientos intencionales y los ignos de estado de ánimo de los animales cosntituyen comunicaciones analógicas para definir la naturaleza de sus relaciones antes que para hacer aseveraciones denotativas acerca de los objetos [...] Puesto que la comunicación se centra en aspectos relacionales, comprobamos que el lenguaje digital carece casi por completo de significado

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 52 – 55

[...] Una comunicación no sólo transmite información sino que, al mismo tiempo, impone conductas. Siguiendo a Bateson, estas dos operaciones se conocen como los aspectos “inferenciales” y “conativvos”, respectivamente, de toda comunicación [...]

El aspecto referencial de un mensaje transmite información y, por ende, en la comunicación humana es sinónimo de contenido del mensaje. Puede referirse a cualquier cosa que sea comunicable al margen de que la información sea verdadera o falsa, válida, no válida o indeterminable. Por otro lado, el aspecto conativo se refiere a qué tipo de mensaje debe entenderse que es, y, por ende, en última instancia, a la relación entre los comunicantes.

[...]

Existe [una] relación entre los aspectos referencial y conativos. El primero transmite los “datos” de la comunicación , y el segundo, cómo debe entenderse dicha comunicación [...]

El aspecto relacional de una comunicación resulta, desde luego, idéntico al concepto de metacomunicación [...] La capacidad para metacomunicarse en forma adecuada no solo constituye la condición sine qua non de la comunicación eficaz, sino que también está íntimamente vinculada con el complejo problema concerniente a la percepción del self y del otro

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 50

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En primer lugar, hay una propiedad de la conducta que no podría ser más básica por lo cual suele pasársela por alto: no hay nada que sea lo contrario de conducta. En otras palabras, no hay no-conducta, o, para expresarlo de modo aún más simple, es imposible no comportarse. Ahora bien, si se acepta que toda conducta en una situación de interacción tiene un valor de mensaje, es decir, es comunicación, se deduce que por mucho que uno lo intente , no puede dejar de comunicar. Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje: influyen sobre los demás, quienes, a su vez, no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, también comunican.

[No] podemos decir que la “comunicación” solo tiene lugar cuando es intencional, consciente o eficaz, esto es, cuando se logra un entendimiento mutuo. Que el mensaje emitido sea o no igual al mensaje recibido constituye un orden de análisis importante pero distinto, pues, en última instancia, debe basarse en evaluaciones de datos específicos, instrospectivos y proporcionados por el sujeto, que preferimos dejar de lado en la exposición de una teoría de la comunicación desde el punto de vista de la conducta. Con respecto a los malentendidos, nuestro interés, dadas ciertas propiedades formales de la comunicación, de -y, de hecho, a pesar de- las motivaciones o intenciones, se refiere al desarrollo de patologías afinaes relacionadas, aparte de los comunicantes.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 49

Archivado en: 1967, Beavin y Jackson, Watzlawick — christian iv @ 14:52
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Desde luego, seguiremos denominando simplemente “comunicación” al aspecto pragmático de la teoría de la comunicación humana. Para las diversas unidades de comunicación (conducta), hemos tratado de elegir términos que ya son generalmente comprendidos. Así, se llamará mensaje a cualquier unidad comunicacional singular o bien se hablará de una comunicación cuando no exista posibilidades de confusión. Una serie de mensajes intercambiados entre personas recibirá el nombre de interacción [...]

Además, con respecto a la unidad más simple posible, es evidente que una vez que se acepta que toda conducta es comunicación, yano manejamos una unidad-mensaje monofónica, sino más bien con un conjunto fluido y multifacético de muchos modos de conducta – verbal, tonal, postural, contextual, etc.- todos los cuales limitan el significado de los otros.

4 Agosto 2009

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 45 – 46

La cuestión relativa a si el intercambio de información es consciente o inconsciente pierde la importancia fundamental que posee dentro del marco psicodinámico [psicoanalítico]. Esto no significa que, en lo relativo a las reacciones frente a un acto específico de conducta, no tenga importancia que esa conducta se considere consciente o insconsciente, voluntaria, involuntaria o sintomática. Si a una persona le pisan un pie, para él es muy distinto que la conducta del otro haya sido deliberada o intencional. Sin embargo, esta concepción está basada en su evaluación de los motivos de la otra persona y, por ende, en supuestos acerca de lo que sucede en la mente del otro. Y desde luego, si le preguntara al otro con respecto a sus motivos, tampoco ello le permitiría sentirse seguro, pues el otro individuo podría afirmar que su conducta fue inconsciente cuando, en realidad, fue deliberada, o incluso pretender que se trató de algodeliberado cuando, de hecho, fue accidental. Todo esto nos lleva una vez más a la atribución de significado,una idea que resulta esencial para la experiencia subjetiva de comunicarse con otros, pero que, según hemos comprobado, es objetivamente imposible de determinar a los fines de la investigación sobre la comunicación humana.

[...]

Desde este ángulo, las causas posibles o hipotéticas de la conducta asumen importancia secundaria, y el efecto de la conducta surge como el criterio de significación esencial en la interacción de individuos estrechamente relacionados.

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