ESTÁ ESCRITO

17 diciembre 2010

Bernárdez, E. (2008). El lenguaje como cultura (pp. 25 – 26)

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Todas las disciplinas precisan detenerse en vez en cuando un instante para comprobar lo que están haciendo. Esto es aún más cierto en el caso de las ciencias humanísticas y sociales, por la enorme complejidad de sus objetos de estudio y por la influencia indudable de las ideologías sobre sus planteamientos teóricos y metodológicos. Esa complejidad se refleja, entre otras muchas cosas, en la imposibilidad de hacer una definición precisa de los objetos de estudio, o en la dificultad, diríamos que insuperable, de establecer el funcionamiento de esos objetos de manera precisa y rigurosa.

[...]

Pero al examinar lo que están haciendo, las ciencias han de centrar su atención en lo que están haciendo realmente, no en lo que sus practicantes quieren figurarse o imaginarse que están haciendo. Y también deberán prestar atención al porqué hacen lo que hacen; a todos los científicos, incluidos los humanistas, les gusta imaginar que su actividad viene motivada solamente por razones científicas, que la evolución de su pensamiento es la respuesta a los problemas cientìficos que se han ido encontrando o, más exactamente, que han ido destapando ellos mismos y sus colegas en el curso de su actividad investigadora

[...]

[Por ejemplo] la lingüística chomskyana es presentada como el desarrollo natural de la razón humana, dejando así de lado cualquier reflexión sobre cómo se produce el conocimiento, cuáles son las condiciones de su producción, diseminación y recepción. Igual que el desarrollo cognitivo del hablante-oyente ideal, se describe al teórico idealizado como alguien que ha adquirido de modo natural una teoría que es generativa.

30 marzo 2010

Saussure, F. (2004). Escritos sobre lingüística general (p. 25)

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Se falta a la verdad si se dice: un hecho de lenguaje exige ser examinado desde varios puntos de vista; incluso si se dice: este hecho de lenguaje será realmente dos cosas diferentes según el punto de vista. Pues se empieza por suponer que el hecho de lenguaje nos es dado fuera del punto de vista.

Hay que decir: primordialmente existen puntos de vista; si no, es sencillamente imposible captar un hecho de lenguaje.

La identidad que hemos comenzado a establecer, ya sea en nombre de tal consideración o de tal otra, entre dos términos que a su vez son de naturaleza variable, es, absolutamente, el único hecho primero, el único hecho simple del que parte la investigación lingüística.

29 marzo 2010

Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 98)

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Nuestra capacidad para predecir los géneros es prueba de que, en tanto miembros de una cultura determinada, hemos adquirido de alguna forma el saber sobre cómo los hablantes usan una lengua determinada para conseguir fines diversos. Cuando este saber se evoca, nos resultan familiares varias estructuras esquemáticas, no solamente aquellas correspondientes a los géneros cotidianos, también las que corresponden a realizaciones habituales; o sea, las clases habituales de significados que se producen en cada fase de un género, sus splabras y estructuras habituales en la expresión de las mismas. La teoría sobre el género trata de hacer patente este saber cultural no consciente, mediante la descripción de la manera en la que usamos el lenguaje para hacer cosas.

Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 83)

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El potencial genérico refiere a todo tipo de actividad verbal que se reconoce como significativa (esto es, apropiada) en una determinada cultura. Podemos describor el potecial genérico como la configuración  posible de las variables registrales que se puedan dar en una cultura y en un tiempo determinado.

Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 80)

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El género y el registro están situados en dos niveles de abstracción distintos. El género, o contexto de cultura, puede entenderse en un nivel superior de abstracción, más general -podemos reconocer un género en concreto, incluso si no estamos seguros cuál es exactamente el contexto situacional. Por consiguiente, el género puede entenderse a modo de marco general en el que se justifica el propósito de ciertos tipos de interacciones concretas, que es adaptable a varios contextos de situación específicos en los cuales esos tipos se usan.

Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 77)

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El explorar la forma en la que los hablantes usan el lenguaje exige el reconocimiento; primero, de que la conducta verbal está dirigida a un fin [...]; y segundo, que la conducta verbal tiene lugar en un determinado ámbito cultural y situacional, en relación con los cuales puede ser evaluado como apropiada o inapropiada.

Eggins, S. (2002). Introducción a la lingüística sistémica. (p. 73)

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Martin nos da dosútiles definiciones de género. En primer lugar dice: “un género consiste en una actividad orientada hacia un determinado propósito y formada por fases en las que los hablantes intervienen en tanto que miembros pertenecientes a una cultura” (1984:25), o menos técnicamente: “los géneros son formas de hacer las cosas cuando usamos el lenguaje para hacerlas” (1985b:248).

Al definir los géneros de esta forma, nos damos cuenta de que hay tantos géneros diferentes como tipos de actividades sociales podemos distinguir en nuestra cultura.

28 agosto 2009

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág

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[Cuando hay problemas en la puntuación comunicativa, es decir, de secuencia] nos lleva al importante concepto de profecía autocumplidora [...] Por ejemplo, una persona que parte de la premisa que “nadie me quiere”, se comporta con desconfianza, a la defensiva o con agresividad, ante lo cual es probable que los otros reaccionen con desagrado, corroborando así su premisa original. A los fines de la pragmática de la comunicación humana, resulta una vez más irrelevante preguntar por qué una persona parte de tal premisa, de dónde surgió esta y hasta qué punto es inconsciente. En términos pragmáticos, lo que se puede observar es que la conducta interpersonal de ese individuo muestra esa clave de redundancias y que ejerce un efecto complementario sobre los demás, forzándolos a asumir ciertas actitudes específicas.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 93 – 94

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Las discrepancias en cuanto a la puntuación de las secuencias de hecho tienen lugar en todos aquellos casos en que por lo menos uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información que el otro, pero no lo sabe.

[...]

En términos generales, resulta gratuito suponer no solo que el otro cuenta con la misma información que uno mismo, sino también que el otro debe sacar de dicha información idénticas conclusiones. Los expertos en comunicación han calculado que una persona recibe diez mil impresiones sensoriales (exteroceptivas y propioceptivas) por segundo. resulta evidente por lo tanto que se necesita efectuar un proceso drástico de selección para impedir que los centros cerebrales superiores se vean inundados por información irrelevante. Pero, aparentemente, la decisión en cuanto a qué es esencial y qué es irrelevante, varía de un individuo a otro y parece estar determinada por criterios que, en gran medida, quedan fuera de la conciencia [...] Solo podemos conjurar que en la raíz de estos conflictos de puntuación existe la convicción firmemente  establecida y por lo común no cuestionada de que solo hay una realidad, el mundo tal como yo lo veo, y que cualquier visión que difiera de la mía tiene que deberse a la orracionalidad o mala voluntad. Hasta aquí nuestras especulaciones.

Watzlawick, P.; Beavin, J. y Jackson, D. (1989). Teoría de la comunicación humana (1967). Pág 75 – 76

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El intento de no comunicarse  puede existir en cualquier otro contexto [además del esquizofrénico] en que se desea evitar el compromiso inherente a toda comunicación.[el intento, claro está, es fallido, lo que desemboca en el "rechazo", en la aceptación o en la descalificación de la comunicación]

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